CUMPLEAÑOS DEL MES

Photobucket En el mes de MAYO cumplen años : Día 1 – LadyBlue * Photobucket* Día 5 – Gershon * Photobucket* Día 14 – Mishuyang * Photobucket* Día 16 – Sheireen * Photobucket* Día 17 – Caandre * Photobucket* Día 19 – XIme * Photobucket

miércoles, 16 de mayo de 2012

FELICIDADES SHEIREEN

Y hoy le toca a  Sheireen festejar su cumpleaños.
Espero que la pases muy bien y que te guste tu tarjeta,




Y seguirmos con otra historia de Stormy Glenn y hoy le toca a los demonios.... Y primero empecemos con el  Demonio de Fuego.







El detective Gabe Moretti giró la cabeza hasta que oyó un ‘pop’ diferente. Se frotó los músculos doloridos en la parte posterior de su cuello con la mano.
Odiaba las vigilancias. Era la misma cosa cada maldita vez: correr y esperar. Y él había estado esperando a que su sospechoso apareciera durante las últimas seis horas. No faltaba mucho tiempo más para que lo relevara el siguiente turno y se pudiera ir a casa a dormir.
—¿Quieres más café?
Gabe se giró para mirar a su compañero Nick, y meneó la cabeza.
—No, si bebo más café mis dientes van a comenzar a flotar.
Nick resopló y se sirvió una taza del líquido caliente de un termo. —Oh, infiernos, si no tomo algo más no va a importar. Voy a estar inconsciente por falta de sueño. Te lo digo, Gabe, estas vigilancias nocturnas me van a matar.
Gabe se rió entre dientes mientras miraba por la ventana delantera del vehículo donde se encontraban sentados —Estás enojado porque esta vigilancia interfirió con la llamada que recibiste para dejarte caer en el bar.
—Era uno bueno en la línea, también —dijo Nick—. Él era dulce, Gabe. Te lo digo: culo joven, fuerte, y unos labios que podrían aspirar el cromo de un enganche de remolque.
—Él —dijo Gabe, arrugando la nariz con asco—. No necesito saber nada sobre tus aventuras sexuales.
—Solo estás más que molesto porque tú no estás recibiendo ninguna llamada.
—Puedo conseguirla si quiero.
—Uh-huh, y ¿cuándo fue la última vez que te llamaron?
Gabe rodó los ojos. —Sólo porque no me ando besuqueando y digo que no me interesa, no quiere decir que no estoy recibiendo llamadas para salir.
Nick soltó una risita. —Eso es lo que yo pensaba.
—Sólo vigila al maldito asesino, Nick. —Gabe cruzó sus brazos sobre su pecho y siguió mirando por la ventana. Nick estaba en lo cierto. Él no tenía mucha vida sexual de la que hablar. Nunca acabó de ver cuál era el gran problema. El sexo era sexo. No era el principio y el fin del mundo. Nunca había sido tan emocionante para Gabe. Era más una rutina que cualquier otra cosa.
Gabe probablemente podría contar sus novios con una mano. Nunca terminaba de tener mucho interés en el sexo, y una vez que su novio de turno lo descubría, por lo general se iba hacia pastos más verdes, o al menos hacia tipos que lo hacían más que él.
Gabe estaba solo, pero recientemente había empezado a pensar que estar solo era mejor que tener que salir con alguien cuando en realidad no quería hacerlo.
Le gustaba pasar tiempo con amigos varones. Sólo que no tenía ese entusiasmo con la parte más física de las cosas.
—¿Puedes ver eso?
Gabe giró para ver de lo que Nick estaba hablando, su boca abierta al ver a cuatro de los más grandes, más imponentes hombres que había visto, saliendo de un callejón a mitad de camino por la calle. No era tanto que eran grandes, sino que era que los cuatro hombres estaban vestidos de negro, con abrigos de cuero negro que casi les llegaban al suelo.
—No creo que sean de por aquí —resopló Nick.
Era cierto. No encajaban con la escena local. Además del hecho de que estos chicos vestían largos abrigos de cuero en pleno verano, la gente del barrio tendía a usar ropa más informal. El lado sureste de la ciudad no era uno de los mejores barrios para vivir, y mucho menos caminar a través de él. Estaba lleno de pandillas, drogas, y caminantes callejeros. Sin embargo, era el lugar perfecto para que un sospechoso se escondiera.
Bobby G era sospechoso de haber planeado una serie de robos a mano armada en los alrededores del barrio. Los robos, probablemente, no habrían sido reportados si una niña no hubiera recibido un disparo en uno de ellos.
La mayoría de la gente de este barrio no tenía mucha fe en el departamento de policía local, pero el asesinato de una inocente niña de siete años de edad lo cambió todo. El barrio se levantó en armas, clamando por sangre.
Nick y Gabe tenían una pista de que Bobby G tenía un apartamento encima del restaurante chino local. Habían estado vigilando el lugar durante las últimas horas en busca de cualquier señal del sospechoso.
—¿Qué demonios están haciendo? —Preguntó Nick.
Gabe sacudió la cabeza. No tenía ni idea, pero sea lo que sea los pelos de la nuca se le erizaron. Vio cómo dos de los hombres se separaron del grupo y caminaron por la calle, lejos de donde Gabe y Nick estaban. Los otros dos se dirigían hacia ellos.
Un hombre, el más alto en el grupo, llamó la atención de Gabe. No podía ver gran parte de las características del hombre, más que el hecho de que estaba construido como una jodida casa de ladrillo. A Gabe no le gustaría conocer a un hombre así en una pelea. Perdería. De hecho, no conocía a nadie que no perdiera contra ese hombre a menos que tuvieran un bazuca o algo así. El hombre era enorme. Y no era sólo su imponente altura, que tenía que ser varios centímetros más alto que los propios 1,92 metros de Gabe. Incluso bajo el cuero negro que el hombre vestía, Gabe pudo ver que tenía los hombros anchos y los brazos gruesos y musculosos.
Por primera vez desde que descubrió que su pene se paraba, Gabe sintió excitarse con sólo mirar a alguien. Le sorprendió tanto que casi perdió de vista al sospechoso que se escabullía por la puerta de un edificio, justo en la manzana que daba la vuelta a la esquina con el callejón.
—¡Mierda! —Dijo Gabe al llegar a la manija de la puerta—. Ahí va Bobby G. La pequeña mierda está tratando de colarse por el callejón.
Gabe saltó del coche y se dirigió hacia el callejón. Nick se unió a él incluso antes de llegar a la mitad de la calle. Los dos corrieron hacia el callejón, sus armas en las manos antes de llegar a la esquina del edificio.
—Voy a la cabeza por el callejón —dijo Gabe—. Tú ve a través del restaurante chino y encuéntrame en la parte de atrás. Hay una puerta por la cocina que da al callejón. Puedes ir hacia el frente desde allí. Vamos a rodear al pequeño jodido.
Nick asintió y corrió hacia el restaurante. Gabe le dio un minuto y luego dio la vuelta a la esquina. Una de las razones por las que a Gabe no le gustaban los callejones era por la falta de luz. No podía ver una mierda apenas dobló la esquina. Le tomó un momento para que sus ojos se adaptaran, y cuando lo hicieron, su mandíbula casi cayó al suelo.
Un hombre grande, casi tan grande como los cuatro hombres que había visto en la calle, sostenía a Bobby G contra la pared del callejón. Los pies de Bobby G colgaban a varios metros del suelo. Para todos aquellos que miraban, los dos hombres podrían haber estado simplemente jodiendo en el callejón. Pero Gabe sabía que no era así. Podía ver la vida salir de los ojos de Bobby G.
Gabe sabía que el hombre que estaba con Bobby G lo estaba matando. Podría haber sido por cómo Bobby G lo miró desesperadamente. Podría haber sido la forma en que el rostro del hombre más grande se enterró en la garganta de Bobby G. Fuera lo que fuese, Gabe sabía que tenía que hacer algo.
—¡Quieto! ¡Policía! —gritó Gabe mientras se adentraba más en el callejón. Cruzó los dedos y rezó para que Nick se diera prisa de una puta vez y le diera un poco de respaldo antes de que el hombre le arrancara la cabeza a Bobby. Porque cuando el hombre levantó la cabeza del cuello de Bobby G, era exactamente lo que parecía que quería hacer—. Por qué simplemente no lo bajas, ¿de acuerdo?
Los ojos misteriosos de color rojo que lo miraron desde varios metros de distancia, le dieron a Gabe como un escalofrío que casi le hace huir del callejón. La sangre que goteaba por la barbilla del hombre no ayudaba. Por desgracia, ser policía significaba que no podía dejar morir a Bobby G, aun con lo mucho que le gustaría hacerlo.
Gabe hizo un gesto con su pistola. —Vamos, bájalo, amigo. —Bobby G fue bajado, pero no de la manera en la que Gabe esperaba.
Vio con asombro cómo el hombre grande agitó la muñeca y Bobby G salió volando por el aire. Golpeó contra la pared opuesta del callejón en donde había estado y se estrelló en el suelo con un ruido sordo, repugnante.
Gabe podía decir por el ángulo extraño en el que se encontraba el cuello de Bobby G, que estaba muerto. Tenía la cabeza prácticamente girada hacia atrás. Gabe dio un paso más cerca, los ojos muy abiertos cuando vio la gran herida que sangraba en la garganta de Bobby G. Parecía como si le hubiese sido arrancado un pedazo.
—¡Amigo! —Dijo Gabe, cuando volvió a mirar al otro hombre—. Pon tus manos encima de tu cabeza lentamente. No quiero dispararte. —El hombre comenzó a avanzar en dirección a Gabe, quien hizo señas con su arma al hombre—. ¡Manos arriba! Tengo un arma. Y no quiero disparar. ¡Levanta las manos!
Nada de lo que dijo parecía funcionar. El hombre seguía caminando hacia él. Gabe hizo una mueca. No quería matar al hombre, pero no parecía haber nada más que hacer. El hombre no lo estaba escuchando en absoluto.
—¡Detente donde te encuentras y pon las manos sobre tu cabeza, o te pego un tiro! —Gabe lo intentó una última vez. Cuando el hombre siguió avanzando hacia él, Gabe, lamentablemente, apretó el gatillo. Tenía la esperanza de sólo herir al hombre, pero cuando disparó al hombro del hombre, y ni siquiera lo detuvo ni lo hizo avanzar más despacio, Gabe disparó de nuevo.
Esta bala entró por la pierna del hombre. Se tambaleó un poco, pero siguió acercándose a Gabe.
«Caray, este tipo tiene que tener encima PSP, LSD, o algún tipo de droga», Gabe pensó mientras descargó su arma en el hombre.
Seis descargas y el hombre seguía caminando como si no lo afectara. Él debería haber muerto después de cuatro por lo menos.
El hombre gruñó cuando llegó hasta Gabe. Sus ojos rojos le miraron fijamente, mientras una mano se envolvía alrededor de su garganta. Gabe fue levantado del suelo a varios centímetros.
No era alguien que cedía fácilmente, entonces Gabe trató de que aflojara el control en torno a su garganta con una de sus manos y con la otra mano apuntaba con su pistola al hombre en la cabeza. También usó sus piernas para patear al hombre, con el objetivo de alcanzar cualquier parte del cuerpo del hombre que pudiera.
Gabe casi hace una mueca de dolor cuando un tiro de suerte acertó en el hombre adecuadamente entre sus piernas. Si no fuera por el hecho de que el hombre estaba tratando de matarlo, Gabe podría haber sentido lástima por él, cuando un gemido largo y doloroso salió de los labios del tipo.
Ya que el hombre estaba tratando de matarlo, Gabe dirigió otra patada hacia el mismo lugar. La mano alrededor de su cuello se aflojó lo suficiente para que Gabe se zafara. El hombre cayó de rodillas. Gabe agarró la cabeza del extraño y le dio un rodillazo tan fuerte como pudo al rostro del hombre. Se desplomó como una tonelada de ladrillos.
Gabe apoyó las manos en sus piernas y respiró hondo varias veces.
Estaba bastante seguro de que tendría moretones en el cuello por la mañana del tamaño de las manos de ese hombre. Menos mal que no tenía que ir a ver a sus padres hasta la próxima semana, porque no habría forma de explicárselo a su sobreprotectora madre.
Colocando el arma en su funda, Gabe se acercó y puso al hombre sobre su espalda, no fue una tarea fácil teniendo en cuenta el tamaño del hombre. Agarró los dos brazos del hombre y los esposó a su espalda.
Rodando al hombre de vuelta otra vez, Gabe empezó a buscar en él.
Quería saber si este hombre tenía alguna relación con Bobby G.
Quería saber si esto era sólo un asesinato al azar o si alguien quería darle un golpe certero a Bobby G. Y quería saber por qué el hombre no cayó con todas las balas que Gabe había disparado sobre él. Él debería estar muerto ahora mismo, no inconsciente.
Los ojos de Gabe se abrieron con cada artículo que sacó de los bolsillos del hombre: varios cuchillos, un par de estrellas tipo ninja que había visto en las películas, y, más particularmente, una bolsa de sal. Gabe frunció el ceño y miró a los artículos y luego al hombre inconsciente.
«¿Quién jodidos es este tipo?»
Gabe se congeló cuando sombras oscuras de repente bloquearon la lámpara de la calle.
Miró hacia arriba para encontrar a los cuatro hombres que había visto antes de pie en un círculo alrededor de él y el hombre en el suelo. Se maldijo por no ser más consciente de su entorno, Gabe lentamente se puso de pie.
—Esta es una escena del crimen, señores —dijo Gabe consistentemente, lo que lo sorprendió teniendo en cuenta el tamaño del nudo en su garganta—. Necesito que den un paso atrás, por favor. —Gabe no era estúpido. Él sabía cuándo estaba en inferioridad numérica.
Gabe deseaba haberse acordado de volver a cargar su pistola. El mayor de los cuatro hombres, el que llamó su interés antes, de pronto lo agarró y lo estrelló contra una de las paredes del callejón. Gabe gruñó cuando su espalda se puso en contacto con el duro ladrillo. Tendría contusiones seguramente.
Alzó la vista para ver los ojos de puro negro mirándolo con atención, y él necesitaba ver hacia arriba. Este extraño era mucho más alto que Gabe, tal y como él pensaba. Gabe se sintió positivamente insignificante al lado de él.
—Tú venciste a Tuloq. —Gruñó el hombre cuando comenzó a oler la curva del cuello de Gabe. El calor que emanaba de la piel del hombre casi quemó vivo a Gabe. En lugar de tenerle miedo, Gabe quería subir a la piel del extraño y cubrirse en su calor—. Digno eres de mi marca.
Gabe parpadeó.
Un momento después, gritó cuando el dolor estalló en la piel entre su cuello y hombro. Se aferró al hombre que lo sostenía, hundiendo sus manos en hebras largas y gruesas de cabello negro y sedoso. Antes de que pudiera alejar al hombre, el dolor que irradiaba desde su hombro se convirtió en placer, uno tan intenso que pensó que podría desmayarse.
—¡Oh, Dios! —Gabe se lamentó al sentir su pene endurecerse y luego estallar casi en el mismo instante. Leche caliente llenó sus pantalones vaqueros mientras el orgasmo más poderoso que Gabe hubiera experimentado alguna vez disparaba a través de su cuerpo.
Gabe se sentía como si por fin hubiera descubierto por qué la gente tenía sexo.
—No Dios; Demonas Amaté —gruñó el hombre en el oído de Gabe, justo antes de que él lo introdujera en la oscuridad que lo rodeaba—, soy Tehmper.

martes, 15 de mayo de 2012

Manada Taylor - Libro 2 - Capitulo 3

Y bien, les debo un capítulo un poco más tierno en esta historia. Así que no se quejen los que quieren otra y aguanten un poco más.


Y el cuatro será algo... cachondo... ya es hora ¿no?, ¿qué opinan?










Capítulo 3



Los detectives de la policía estaban conmocionados. Hacían demasiadas preguntas y Liam no tenía respuestas, o no podía darlas. No había rastros en los alrededores que delatara quién o quiénes podrían ser los asesinos. Las autopsias eran innecesarias, decían los médicos forenses que habían estado en el lugar. Estaba claro que todos habían muerto a causa de los disparos y no encontraban motivo para invertir tanto dinero y tiempo en confirmar algo que era más que evidente en todos los muertos. Y Liam estaba agradecido por ello. No era conveniente que descubrieran qué eran.
La manada Bronson vivía en una ciudad relativamente grande pero ellos habían formado su comunidad en las afueras y nadie, salvo los miembros de la manada, sabía que ellos eran criaturas were. Y así era como debían quedar las cosas. Por lo menos para que los que quedaran allí pudieran vivir en paz.
Se abrió un expediente extenso. Nombre, edad, sexo, ocupación… todo lo concerniente a cada muerto. Liam estaba agotado. Sólo quería que todo terminase, pero aun quedaba lo más difícil. Hacerse cargo de los cuerpos.
Y los reporteros ya estaban hartando a Liam, más que la policía.
Liam se ocupó junto con Iason de los preparativos de los entierros. Los más ancianos habían quedado en sus casas y por eso habían sobrevivido a la matanza, con lo cual hubo algunos sobrevivientes que podían ayudar con la tarea.
Llevando varias camionetas al claro del bosque, cargaron, uno a uno, los cuerpos. Los cubrieron con mantas, tapando sus caras petrificadas de  horror y desconcierto.
Todos tenían orificios de balas, sus cuerpos cubiertos con su propia sangre, o la sangre de los otros con los que fueron apilados. Liam quería limpiar los cuerpos, retirar las balas, enterrarlos por familias. Eran demasiados para hacer tumbas individuales, pero quería que fueran identificados, que tuvieran un lugar digno donde alguien pudiera llevar alguna flor, rezar a algún dios, derramar alguna lágrima…
Condujeron las camionetas a la funeraria cuando la policía pareció estar conforme con la información recolectada. Liam sabía que ese expediente quedaría olvidado en algún rincón, con un sello atravesándolo que dijera: “SIN RESOLVER”.
Cuando llegaron a la funeraria, bajaron los cuerpos y se encargaron de cada uno. Las lágrimas volvieron a surgir cuando Liam comenzó con el cuerpo de uno de sus primos. Dios, era tan duro. Su familia había sido aniquilada. No quedaba nadie. Nadie que llevara su misma sangre, nadie con los que pudiera recordar viejos tiempos, que le pudieran contar historias de sus antepasados. Y su línea moriría con él. No tenía hijos. Ni los tendría.
Apartó las balas que habían matado a su familia para guardarlas. Juró con ellas tomar su venganza, devolver en el cuerpo de los asesinos sus mismas municiones. Aunque le llevara toda su vida, iba a encontrarlos. Y cuando lo hiciera, nada ni nadie se cruzaría en su camino para impedir que tomara su revancha.
Cuando terminó con su familia se ocupó del cuerpo de Brian. Lo lavó con cuidado, retiró las balas y también las separó.
Más odio.
Más venganza.
Más muertes que llorar. Pero ésta había sido una de las más dolorosas. Los lazos que lo unían a Zachary hacían que sintiera en carne propia todo su dolor. Sabía que su compañero estaba desgarrado. Necesitaba terminar con esto. Necesitaba hablar con Alan para que les dijera a Anthony y Remi lo que había sucedido.
Pidió al de la funeraria que mantuviera en la cámara los cuerpos de Brian y Tracy hasta que el resto de la familia llegara. Ahora Zachary no estaba en condiciones de enfrentar el entierro. No sin Anthony y Remi a su lado. Y sabía que los otros dos lobos jamás le perdonarían que no los esperaran.
Tomando una profunda respiración, salió de la funeraria y tomó su celular. Ya no podía demorar más la llamada.
Marcó al número del celular de Alan, quien contestó al instante.
—Liam. ¿Cómo está Iason? ¿Jeremy ya murió? —preguntó Alan muy angustiado.
—Alan, la situación acá es… terrible. —La voz de Liam temblaba y pudo escuchar la tensión del otro lado del teléfono.
—¿Qué le hicieron a Iason? Los mataré a todos —rugió el Alfa.
—Iason está bien —dijo Liam ya casi sin fuerzas—. Y si, Jeremy fue enterrado el día antes de que nosotros llegásemos. Pero… hubo una matanza. Cazadores. Casi toda la manada fue exterminada. Brian murió. Tracy murió después de dar a luz a su hijo. Dios, Alan. No hay forma de decirlo de manera fácil. —Liam habló apresuradamente, el dolor era tan grande que apenas si podía sostenerse sobre sus piernas.
Silencio. Alan no hablaba. Sólo el sollozo de Liam se escuchaba en la línea.
—¿Tu familia? —al fin dijo Alan.
—Muertos. Todos.
—Dios. ¿Cómo le diré a Anthony que su hermano y su cuñada están muertos? ¿Cómo le diré a Remi que su sobrino está muerto?
—Sé que es duro, pero debes hacerlo. Deben venir lo antes posible. He retenido los cuerpos de Brian y Tracy en la funeraria por unos días. Les dije que necesitábamos esperar a otros de la familia para celebrar el entierro. Zachary está destrozado. Está apostado en el hospital, cuidando de Nicholas, el bebé de Tracy y Brian.
—Partiremos de inmediato. Sé que todo esto es muy difícil para ti, tanto como para Zachary. Te agradezco el que me hayas llamado. Lo lamento mucho. ¿El bebé está bien?
—El bebé está bien. Es prematuro y debe permanecer en el hospital un tiempo, pero estará bien. —Liam se detuvo un momento, respiró hondo y siguió—. Aun no lo puedo creer. Para Zach es como revivir la mierda del pasado. Estimo que Remi y Anthony pasarán por lo mismo. Lamento tener que pedirte que hables con ellos, yo ya no tengo más fuerzas.
—Liam, no tienes nada de qué disculparte. No debe ser fácil estar en tu posición. Me gustaría estar a tu lado.
—También me gustaría que estés aquí, Alan. Tú eres mi mejor amigo. Fuiste y eres muy importante en mi vida. —Otro suspiro, otra lágrima derramada—. Ahora mi compañero me necesita y no voy a dejar que se aleje nuevamente, que se aísle y me deje fuera de todo. No sé cómo lo haré pero seré fuerte, más de lo que lo he sido alguna vez.
—Pronto estaremos allí. Me haré cargo de lo que sea cuando lleguemos. Y te juro que encontraré a los bastardos que hicieron esto y lo pagarán.
—Lo sé. Guardé las balas que saqué de los cuerpos de mi familia y las del cuerpo de Brian. Quiero que mueran con sus propias municiones. Devolverles el dolor que ellos nos causaron —dijo Liam con furia ahora.
—Así será. —Alan suspiró y luego agregó—: Cuídate.
Y la llamada se cortó.
Iason se acercó y Liam lo miró y le dijo: —La familia está en camino. Vayamos al hospital, aquí ya no podemos hacer nada.
Y ambos se subieron a la camioneta y tomaron el camino que los llevaría al hospital donde Zachary se había atrincherado.

Zachary estaba sentado en la misma silla dura de plástico que había ocupado Iason anteriormente, esperando que le permitieran ver a su nieto. Nicholas era un bebé precioso y tan parecido a Brian que cuando Zachary lo vio por primera vez, su corazón casi se detuvo.
Liam aun no lo había conocido. Se había ido junto con Iason  para ocuparse de los muertos. Zachary hubiera querido acompañarlo pero no fue capaz de soportar ver esos cuerpos sin vida de nuevo. Ver el cuerpo de su hijo desnudo, agujereado y lleno de sangre.
Era un cobarde. Y otra vez dejaba solo a Liam con lo difícil. ¿Hasta cuándo sería el peor compañero del mundo? Dios, no sabía cómo Liam aun seguía a su lado. Zach era un hombre con suerte, aun ante la desgracia que estaba viviendo.
 De repente se sobresaltó cuando sintió que alguien apretaba su hombro. Giró la cabeza y descubrió a Liam. Su compañero parecía que había envejecido décadas. Estaba ojeroso, sus ojos rojos e hinchados, su cara dolida. ¿Y cuándo había adelgazado tanto? ¿Desde cuándo no lo veía realmente? Había sido un egoísta. Una vez más.
—Llamé a Alan. Él les dirá todo a Anthony y Remi. Ellos vendrán lo más rápido que puedan. Le pedí a los de la funeraria que retengan los cuerpos de Brian y Tracy para hacer el entierro cuando lleguen Anthony y Remi —dijo Liam en un murmullo. Apretó más la mano que mantenía en el hombro de Zachary, tratando de enviarle consuelo a su compañero, uno que ni él tenía.
—Gracias. He sido un bastardo contigo —dijo Zachary casi ahogándose al hablar. Su garganta estaba lastimada de los gritos desgarradores que había soltado cuando encontró el cuerpo sin vida de su hijo.
—No digas eso, amor. Sé por el dolor que estás pasando.
Zachary se puso de pie y abrazó fuerte a Liam. El cuerpo entre sus brazos se sentía tan débil, tan pequeño. Gimió por hacerle eso a su pareja, por haber sido un imbécil egoísta. Lloró una vez más. Ahora por Liam y por el dolor de su compañero. Ya lo había hecho demasiado por el propio.
—Tú también has perdido a tu familia. No tenía derecho de hacerte pasar por eso solo. Ya no puedo pedirte que me perdones. No tengo perdón.
Liam casi se derrumbó en el calor de Zachary. Hacía tanto tiempo que Zach no lo abrazaba de esta manera, que no lo necesitaba con esta intensidad. Él podía perdonar todo, menos que Zach no lo amara. Y ese no era el caso.
—No hablemos más de eso. No hay nada que perdonar —dijo Liam, aferrándose más a Zachary. El olor de su compañero lo calmaba y le transmitía paz—. No me sueltes. Te necesito tanto.
—Las enfermeras me han dicho que en un rato me dejarán ver a Nicholas. ¿Quieres conocerlo? —Liam se tensó pero asintió con la cabeza sin apartarse del abrazo de Zach—. Después nos iremos a un hotel. Voy a ocuparme de ti. Hace tiempo que no lo hago. Un masaje, un baño de inmersión y muchos mimos.
—Eso me encantaría.
Iason tosió, incómodo.
Liam salió del abrazo de Zach y vio al muchacho que los miraba evidentemente ruborizado.
—Tú vendrás con nosotros. Tomaremos dos habitaciones así que no te preocupes, no te avergonzaremos —dijo con picardía Zachary—. En breve Alan vendrá con Anthony y Remi así que él se encargará de llevarte de regreso. Estimo que Liam y yo nos quedaremos una temporada por aquí. No podremos irnos hasta que Nicholas pueda viajar. —Zachary agregó con firmeza. El hombre fuerte y seguro que era volvía a la vida. Tenía que recomponerse. Tenía que ser fuerte por su compañero, por su nieto, por Anthony y por Remi.
—Gracias. No podría volver a la casa de Brian —dijo Iason mordiéndose el labio inferior y envolviendo su cuerpo con sus bazos.
—Yo tampoco, Iason. Ahora perteneces a la manada Taylor. Te protegeremos de lo que sea. No debes temer —agregó Zachary.
Iason lo miró con una profunda intensidad y luego dijo—: No tengo miedo. No le temo a la muerte ni al sufrimiento. Pero si le temo a los recuerdos. —Su cuerpo temblaba al cerrar los ojos y recordar los cuerpos sin vida que había ayudado a acondicionar para el entierro. El cuerpo de Chris… Qué ironía que hubiera podido tocarlo cunado ya no podía tenerlo. Nunca.
Una enfermera se acercó a ellos y les indicó que podían ver a Nicholas. Iason se quedó sentado allí mientras Zachary y Liam caminaban por el pasillo hacia la nursery.
Zach y Liam caminaban tomados de la mano. Zach no lo volvería a soltar, no se volvería a alejar. Amaba con todo su corazón a  Liam y ya no quería lastimarlo. Nunca más.


Detrás del gran vidrio de la nursery estaban los bebés y Zach le señaló a Liam la cunita donde se encontraba Nicholas.
Una lágrima se derramó de la cara de Liam, pero esta vez de emoción y felicidad. Esa cosita pequeña y rosada ahora era de ellos. Y Liam supo que sí tendría hijos. Ahora ya tenía uno. Y su corazón se llenó de amor por ese bebé que movía desesperadamente sus manitas delante de su cara, que se arañaba y se retorcía, esperando ser amado.
Los dejaron pasar a un cuarto pequeño donde desinfectaron sus manos y se colocaron batas, gorros, botas de tela sobre sus zapatillas, guantes de látex y un barbijo.
A medida que se acercaban a la cunita, el corazón de Liam latía con más fuerza en su pecho. Se detuvo frente a la cunita y miró más de cerca al bebé. Apenas rozó con un dedo la rosada mejilla, el bebé se quedó inmóvil, luego agarró el dedo enguantado con sus manitas e intentó llevárselo a la boca.
—Parece que alguien tiene hambre —dijo Zachary sonriendo.
—Pero mi dedo no es biberón —respondió Liam tratando de recuperar su dedo, pero el agarre de Nicholas era muy fuerte y Liam se sorprendió—. Es fuerte, no me suelta el dedo.
La enfermera se acercó con un biberón y se lo ofreció a Liam. —¿Quiere alimentarlo?
—¿Puedo? —le preguntó a Zach, quien asintió con la cabeza, sus ojos brillantes con la emoción y el amor que veía en los ojos de su compañero cuando miraba al bebé.
Liam tomó al bebé delicadamente en sus brazos. Aún tenía algunos aparatos conectados para monitorear su corazón y signos vitales y trató de que los sensores no se desprendieran del cuerpecito de Nicholas.
Nicholas era tan pequeño que Liam pensó que se le iba a escapar de sus brazos. Pero el bebé no se movió, estaba quieto, tratando de disfrutar el acurrucarse en los brazos cálidos de Liam. Cuando Liam acercó la tetilla del biberón, Nicholas lo buscó desesperadamente y abrió la boquita y la tragó, chupando y devorando la leche en un instante.
—Es un glotón —dijo Liam.
—Así parece —confirmó Zachary y acarició el cabello de Liam, una caricia suave y llena de amor y ternura—. Tracy dijo que Nicholas era mi regalo, pero se equivocó.
Liam lo miró sin comprender, confuso. —¿A qué te refieres?
—Él es nuestro regalo. Será nuestro hijo, si eso es lo que quieres.
Los ojos de Liam ahora estaban anegados con la humedad de las lágrimas que contenía para dejar de parecer una niñita. Pero estaba tan feliz y las emociones de los últimos días lo estaban abrumando demasiado, y el calor de Nicholas calentaba su corazón de una manera tan especial que se sentía en paz. Completamente en paz. Por primera vez en toda esta locura.
—Sí, por supuesto lo quiero. Gracias. Es el regalo más valioso que alguna vez alguien me ha dado. Lo cuidaré con mi vida.
—Eres el mejor compañero que un hombre pudiera querer, amor. Tú fuiste mi primer regalo, uno que en su momento no supe valorar. Pero te juro, ante Nicholas, que eso se acabó. De ahora en más serás, junto con este bebé, la prioridad número uno en mi vida. Te amo tanto.
—Y yo a ti. Desde el momento en que te vi, te amé. Y cada día mi amor por ti crece más.
—Dios, no te merezco.
—Pero me tienes. Ahora y siempre.
Se dieron un suave beso en los labios y siguieron mimando a Nicholas, disfrutando de ese bebé que ahora colmaría sus días de amor y esperanzas.


Jack Bremen estaba cabreado. Había matado a todos los lobos que se habían cruzado delante de su rifle, pero la abominación de su hijo no estaba entre ellos. ¿Dónde mierda estaría escondido?
 Paseaba por la sala, caminando frenéticamente, su mente urdiendo planes, revisando cada paso que había dado en todos estos años.
Le había costado mucho tiempo y dinero rastrear a la pequeña mierda pero hasta no ver morir a esa aberración que nunca debió haber nacido, no descansaría en paz.
—Papá, debes comer algo —dijo William acercándose  a su padre.
—Déjame tranquilo. Esa mierda se nos escapó por poco, puedo sentirlo —gruñó Jack.
—Nunca entendí la obsesión de matar a mi hermano —dijo William con algo de dolor en su voz—. Al fin de cuentas, es de la familia.
Jack giró y lo miró fijo, sus ojos llenos de ira, su respiración acelerada, la furia saliendo por cada poro de su piel.
—Él… eso… no es de la familia. Ya te lo he dicho. Es una bestia y debemos cazarlo y acabar con él de una jodida vez.
—Pero…
—¡Pero nada! —gritó Jack y luego trató de controlarse, de calmarse un poco. Nada serviría que pusiera a William en su contra, no ahora que estaba a un paso de cumplir su objetivo—. Ahora tenemos que rastrillar esa zona y darla vuelta hasta encontrar dónde se esconde. Y cuando lo encuentre, no me temblará la mano cuando apriete el gatillo.
William no dijo nada más, pero él quería conocer a su pequeño hermano. Era lo único que le quedaba fuera de su padre y no sabía cómo hacer para sacar de la cabeza de su padre esa obsesión de asesinarlo.
Hasta ahora había podido desviar cada pista que llevaba al muchacho pero, lamentablemente, la última se le escapó de las manos. Y acabaron con muchas personas, aun si eran criaturas were, las mataron. Hombres, mujeres y niños. Y William no sabía si podría lidiar con ello. Cada vez que cerraba los ojos veía a los lobos recuperar su forma humana al morir con el horror marcado en sus caras.
Quería alejarse de todo. De su padre y de toda esta locura. Pero tenía que hacer algo para proteger a su hermano, aun si eso le costara su cordura.