Espero que la pases muy bien y que te guste tu tarjeta,
Y seguirmos con otra historia de Stormy Glenn y hoy le toca a los demonios.... Y primero empecemos con el Demonio de Fuego.
El
detective Gabe Moretti giró la cabeza hasta que oyó un ‘pop’ diferente. Se
frotó los músculos doloridos en la parte posterior de su cuello con la mano.
Odiaba
las vigilancias. Era la misma cosa cada maldita vez: correr y esperar. Y él
había estado esperando a que su sospechoso apareciera durante las últimas seis
horas. No faltaba mucho tiempo más para que lo relevara el siguiente turno y se
pudiera ir a casa a dormir.
—¿Quieres
más café?
Gabe
se giró para mirar a su compañero Nick, y meneó la cabeza.
—No,
si bebo más café mis dientes van a comenzar a flotar.
Nick
resopló y se sirvió una taza del líquido caliente de un termo. —Oh, infiernos,
si no tomo algo más no va a importar. Voy a estar inconsciente por falta de
sueño. Te lo digo, Gabe, estas vigilancias nocturnas me van a matar.
Gabe
se rió entre dientes mientras miraba por la ventana delantera del vehículo
donde se encontraban sentados —Estás enojado porque esta vigilancia interfirió
con la llamada que recibiste para dejarte caer en el bar.
—Era
uno bueno en la línea, también —dijo Nick—. Él era dulce, Gabe. Te lo digo:
culo joven, fuerte, y unos labios que podrían aspirar el cromo de un enganche
de remolque.
—Él
—dijo Gabe, arrugando la nariz con asco—. No necesito saber nada sobre tus
aventuras sexuales.
—Solo
estás más que molesto porque tú no estás recibiendo ninguna llamada.
—Puedo
conseguirla si quiero.
—Uh-huh,
y ¿cuándo fue la última vez que te llamaron?
Gabe
rodó los ojos. —Sólo porque no me ando besuqueando y digo que no me interesa,
no quiere decir que no estoy recibiendo llamadas para salir.
Nick
soltó una risita. —Eso es lo que yo pensaba.
—Sólo
vigila al maldito asesino, Nick. —Gabe cruzó sus brazos sobre su pecho y siguió
mirando por la ventana. Nick estaba en lo cierto. Él no tenía mucha vida sexual
de la que hablar. Nunca acabó de ver cuál era el gran problema. El sexo era
sexo. No era el principio y el fin del mundo. Nunca había sido tan emocionante
para Gabe. Era más una rutina que cualquier otra cosa.
Gabe
probablemente podría contar sus novios con una mano. Nunca terminaba de tener
mucho interés en el sexo, y una vez que su novio de turno lo descubría, por lo
general se iba hacia pastos más verdes, o al menos hacia tipos que lo hacían
más que él.
Gabe
estaba solo, pero recientemente había empezado a pensar que estar solo era
mejor que tener que salir con alguien cuando en realidad no quería hacerlo.
Le
gustaba pasar tiempo con amigos varones. Sólo que no tenía ese entusiasmo con
la parte más física de las cosas.
—¿Puedes
ver eso?
Gabe
giró para ver de lo que Nick estaba hablando, su boca abierta al ver a cuatro
de los más grandes, más imponentes hombres que había visto, saliendo de un
callejón a mitad de camino por la calle. No era tanto que eran grandes, sino
que era que los cuatro hombres estaban vestidos de negro, con abrigos de cuero
negro que casi les llegaban al suelo.
—No creo que sean de por aquí —resopló
Nick.
Era cierto. No encajaban con la escena
local. Además del hecho de que estos chicos vestían largos abrigos de cuero en
pleno verano, la gente del barrio tendía a usar ropa más informal. El lado
sureste de la ciudad no era uno de los mejores barrios para vivir, y mucho
menos caminar a través de él. Estaba lleno de pandillas, drogas, y caminantes
callejeros. Sin embargo, era el lugar perfecto para que un sospechoso se
escondiera.
Bobby G era sospechoso de haber
planeado una serie de robos a mano armada en los alrededores del barrio. Los
robos, probablemente, no habrían sido reportados si una niña no hubiera
recibido un disparo en uno de ellos.
La mayoría de la gente de este barrio
no tenía mucha fe en el departamento de policía local, pero el asesinato de una
inocente niña de siete años de edad lo cambió todo. El barrio se levantó en
armas, clamando por sangre.
Nick y Gabe tenían una pista de que
Bobby G tenía un apartamento encima del restaurante chino local. Habían estado
vigilando el lugar durante las últimas horas en busca de cualquier señal del
sospechoso.
—¿Qué demonios están haciendo?
—Preguntó Nick.
Gabe sacudió la cabeza. No tenía ni
idea, pero sea lo que sea los pelos de la nuca se le erizaron. Vio cómo dos de
los hombres se separaron del grupo y caminaron por la calle, lejos de donde
Gabe y Nick estaban. Los otros dos se dirigían hacia ellos.
Un hombre, el más alto en el grupo,
llamó la atención de Gabe. No podía ver gran parte de las características del
hombre, más que el hecho de que estaba construido como una jodida casa de
ladrillo. A Gabe no le gustaría conocer a un hombre así en una pelea. Perdería.
De hecho, no conocía a nadie que no perdiera contra ese hombre a menos que
tuvieran un bazuca o algo así. El hombre era enorme. Y no era sólo su imponente
altura, que tenía que ser varios centímetros más alto que los propios 1,92 metros de Gabe.
Incluso bajo el cuero negro que el hombre vestía, Gabe pudo ver que tenía los
hombros anchos y los brazos gruesos y musculosos.
Por primera vez desde que descubrió
que su pene se paraba, Gabe sintió excitarse con sólo mirar a alguien. Le
sorprendió tanto que casi perdió de vista al sospechoso que se escabullía por
la puerta de un edificio, justo en la manzana que daba la vuelta a la esquina
con el callejón.
—¡Mierda! —Dijo Gabe al llegar a la
manija de la puerta—. Ahí va Bobby G. La pequeña mierda está tratando de
colarse por el callejón.
Gabe saltó del coche y se dirigió
hacia el callejón. Nick se unió a él incluso antes de llegar a la mitad de la
calle. Los dos corrieron hacia el callejón, sus armas en las manos antes de
llegar a la esquina del edificio.
—Voy a la cabeza por el callejón —dijo
Gabe—. Tú ve a través del restaurante chino y encuéntrame en la parte de atrás.
Hay una puerta por la cocina que da al callejón. Puedes ir hacia el frente
desde allí. Vamos a rodear al pequeño jodido.
Nick asintió y corrió hacia el
restaurante. Gabe le dio un minuto y luego dio la vuelta a la esquina. Una de
las razones por las que a Gabe no le gustaban los callejones era por la falta
de luz. No podía ver una mierda apenas dobló la esquina. Le tomó un momento
para que sus ojos se adaptaran, y cuando lo hicieron, su mandíbula casi cayó al
suelo.
Un hombre grande, casi tan grande como
los cuatro hombres que había visto en la calle, sostenía a Bobby G contra la
pared del callejón. Los pies de Bobby G colgaban a varios metros del suelo.
Para todos aquellos que miraban, los dos hombres podrían haber estado
simplemente jodiendo en el callejón. Pero Gabe sabía que no era así. Podía ver
la vida salir de los ojos de Bobby G.
Gabe sabía que el hombre que estaba
con Bobby G lo estaba matando. Podría haber sido por cómo Bobby G lo miró
desesperadamente. Podría haber sido la forma en que el rostro del hombre más
grande se enterró en la garganta de Bobby G. Fuera lo que fuese, Gabe sabía que
tenía que hacer algo.
—¡Quieto! ¡Policía! —gritó Gabe
mientras se adentraba más en el callejón. Cruzó los dedos y rezó para que Nick
se diera prisa de una puta vez y le diera un poco de respaldo antes de que el
hombre le arrancara la cabeza a Bobby. Porque cuando el hombre levantó la
cabeza del cuello de Bobby G, era exactamente lo que parecía que quería hacer—.
Por qué simplemente no lo bajas, ¿de acuerdo?
Los ojos misteriosos de color rojo que
lo miraron desde varios metros de distancia, le dieron a Gabe como un
escalofrío que casi le hace huir del callejón. La sangre que goteaba por la
barbilla del hombre no ayudaba. Por desgracia, ser policía significaba que no
podía dejar morir a Bobby G, aun con lo mucho que le gustaría hacerlo.
Gabe hizo un gesto con su pistola.
—Vamos, bájalo, amigo. —Bobby G fue bajado, pero no de la manera en la que Gabe
esperaba.
Vio con asombro cómo el hombre grande
agitó la muñeca y Bobby G salió volando por el aire. Golpeó contra la pared
opuesta del callejón en donde había estado y se estrelló en el suelo con un
ruido sordo, repugnante.
Gabe podía decir por el ángulo extraño
en el que se encontraba el cuello de Bobby G, que estaba muerto. Tenía la
cabeza prácticamente girada hacia atrás. Gabe dio un paso más cerca, los ojos
muy abiertos cuando vio la gran herida que sangraba en la garganta de Bobby G.
Parecía como si le hubiese sido arrancado un pedazo.
—¡Amigo! —Dijo Gabe, cuando volvió a
mirar al otro hombre—. Pon tus manos encima de tu cabeza lentamente. No quiero
dispararte. —El hombre comenzó a avanzar en dirección a Gabe, quien hizo señas
con su arma al hombre—. ¡Manos arriba! Tengo un arma. Y no quiero disparar.
¡Levanta las manos!
Nada de lo que dijo parecía funcionar.
El hombre seguía caminando hacia él. Gabe hizo una mueca. No quería matar al
hombre, pero no parecía haber nada más que hacer. El hombre no lo estaba
escuchando en absoluto.
—¡Detente donde te encuentras y pon
las manos sobre tu cabeza, o te pego un tiro! —Gabe lo intentó una última vez.
Cuando el hombre siguió avanzando hacia él, Gabe, lamentablemente, apretó el
gatillo. Tenía la esperanza de sólo herir al hombre, pero cuando disparó al
hombro del hombre, y ni siquiera lo detuvo ni lo hizo avanzar más despacio,
Gabe disparó de nuevo.
Esta bala entró por la pierna del
hombre. Se tambaleó un poco, pero siguió acercándose a Gabe.
«Caray,
este tipo tiene que tener encima PSP, LSD, o algún tipo de droga»,
Gabe pensó mientras descargó su arma en el hombre.
Seis descargas y el hombre seguía
caminando como si no lo afectara. Él debería haber muerto después de cuatro por
lo menos.
El hombre gruñó cuando llegó hasta
Gabe. Sus ojos rojos le miraron fijamente, mientras una mano se envolvía
alrededor de su garganta. Gabe fue levantado del suelo a varios centímetros.
No era alguien que cedía fácilmente,
entonces Gabe trató de que aflojara el control en torno a su garganta con una
de sus manos y con la otra mano apuntaba con su pistola al hombre en la cabeza.
También usó sus piernas para patear al hombre, con el objetivo de alcanzar
cualquier parte del cuerpo del hombre que pudiera.
Gabe casi hace una mueca de dolor
cuando un tiro de suerte acertó en el hombre adecuadamente entre sus piernas.
Si no fuera por el hecho de que el hombre estaba tratando de matarlo, Gabe
podría haber sentido lástima por él, cuando un gemido largo y doloroso salió de
los labios del tipo.
Ya que el hombre estaba tratando de
matarlo, Gabe dirigió otra patada hacia el mismo lugar. La mano alrededor de su
cuello se aflojó lo suficiente para que Gabe se zafara. El hombre cayó de
rodillas. Gabe agarró la cabeza del extraño y le dio un rodillazo tan fuerte
como pudo al rostro del hombre. Se desplomó como una tonelada de ladrillos.
Gabe apoyó las manos en sus piernas y
respiró hondo varias veces.
Estaba bastante seguro de que tendría
moretones en el cuello por la mañana del tamaño de las manos de ese hombre.
Menos mal que no tenía que ir a ver a sus padres hasta la próxima semana,
porque no habría forma de explicárselo a su sobreprotectora madre.
Colocando el arma en su funda, Gabe se
acercó y puso al hombre sobre su espalda, no fue una tarea fácil teniendo en
cuenta el tamaño del hombre. Agarró los dos brazos del hombre y los esposó a su
espalda.
Rodando al hombre de vuelta otra vez,
Gabe empezó a buscar en él.
Quería saber si este hombre tenía
alguna relación con Bobby G.
Quería saber si esto era sólo un
asesinato al azar o si alguien quería darle un golpe certero a Bobby G. Y
quería saber por qué el hombre no cayó con todas las balas que Gabe había
disparado sobre él. Él debería estar muerto ahora mismo, no inconsciente.
Los ojos de Gabe se abrieron con cada
artículo que sacó de los bolsillos del hombre: varios cuchillos, un par de
estrellas tipo ninja que había visto en las películas, y, más particularmente,
una bolsa de sal. Gabe frunció el ceño y miró a los artículos y luego al hombre
inconsciente.
«¿Quién
jodidos es este tipo?»
Gabe se congeló cuando sombras oscuras
de repente bloquearon la lámpara de la calle.
Miró hacia arriba para encontrar a los
cuatro hombres que había visto antes de pie en un círculo alrededor de él y el
hombre en el suelo. Se maldijo por no ser más consciente de su entorno, Gabe
lentamente se puso de pie.
—Esta es una escena del crimen,
señores —dijo Gabe consistentemente, lo que lo sorprendió teniendo en cuenta el
tamaño del nudo en su garganta—. Necesito que den un paso atrás, por favor.
—Gabe no era estúpido. Él sabía cuándo estaba en inferioridad numérica.
Gabe deseaba haberse acordado de
volver a cargar su pistola. El mayor de los cuatro hombres, el que llamó su
interés antes, de pronto lo agarró y lo estrelló contra una de las paredes del
callejón. Gabe gruñó cuando su espalda se puso en contacto con el duro
ladrillo. Tendría contusiones seguramente.
Alzó la vista para ver los ojos de
puro negro mirándolo con atención, y él necesitaba ver hacia arriba. Este
extraño era mucho más alto que Gabe, tal y como él pensaba. Gabe se sintió
positivamente insignificante al lado de él.
—Tú venciste a Tuloq. —Gruñó el hombre
cuando comenzó a oler la curva del cuello de Gabe. El calor que emanaba de la
piel del hombre casi quemó vivo a Gabe. En lugar de tenerle miedo, Gabe quería
subir a la piel del extraño y cubrirse en su calor—. Digno eres de mi marca.
Gabe parpadeó.
Un momento después, gritó cuando el
dolor estalló en la piel entre su cuello y hombro. Se aferró al hombre que lo
sostenía, hundiendo sus manos en hebras largas y gruesas de cabello negro y
sedoso. Antes de que pudiera alejar al hombre, el dolor que irradiaba desde su
hombro se convirtió en placer, uno tan intenso que pensó que podría desmayarse.
—¡Oh, Dios! —Gabe se lamentó al sentir
su pene endurecerse y luego estallar casi en el mismo instante. Leche caliente
llenó sus pantalones vaqueros mientras el orgasmo más poderoso que Gabe hubiera
experimentado alguna vez disparaba a través de su cuerpo.
Gabe se sentía como si por fin hubiera
descubierto por qué la gente tenía sexo.
—No
Dios; Demonas Amaté —gruñó el hombre
en el oído de Gabe, justo antes de que él lo introdujera en la oscuridad que lo
rodeaba—, soy Tehmper.


